sábado, 30 de marzo de 2013

UN MUNDO BAJO EL AGUA





Hay un mundo bajo el agua, donde la gente no respira.

Tiene calles y tiendas, coches y bicicletas, e incluso televisores. Sus habitantes se han adaptado a las extrañas circunstancias y han desarrollado grandes manos y pies, con cartílagos uniendo los dedos, que les ayudan a empujar el agua al desplazarse. Marchan dando pequeños saltitos, mitad nadando, mitad caminando. También tienen branquias, que han substituido a los antiguos pulmones, ya inútiles.

Aún no tienen cara de pez. Es previsible que la desarrollen en las próximas generaciones.

No siempre ha sido así. Hubo un tiempo, no muy lejano, en que esas mismas calles y tiendas estaban arriba, sobre la superficie de la tierra. Esos coches y bicicletas circulaban por avenidas en las que corría el aire, más o menos contaminado, pero aire al fin. En esas avenidas había casas, y algunas tenían jardines y, a veces, esos jardines estaban llenos de flores.

Pero un día los televisores empezaron a supurar. Desprendían un hilillo de agua viscosa.

Al principio la gente se lo tomó a broma;

- ¡Habrase visto un televisor con babas!

Llamaron al técnico para que lo arreglara, y se quejaron de la factura. Todo muy normal. Pero al poco tiempo los aparatos volvieron a estropearse otra vez, y otra, y otra. La gente se cansó de arreglarlos, y simplemente recogía el agua con una fregona.

Una mañana  se despertaron con el agua por las rodillas. Protestaron, gruñeron, llamaron a los políticos. Se manifestaron por las calles, todos con botas de agua.

Pero los políticos no sabían que hacer. Ellos también hubieran querido manifestarse, pero no sabían contra quién.

Cuando, unos meses después despertaron con el agua por la cintura hubo fuertes tumultos, aunque parte de la población se quedó en casa, sin ganas de protestar siquiera. Algunos lloraban. Ni los tumultos ni las lágrimas sirvieron de nada.

Hubo más inundaciones pero la gente ya no reaccionó, tenía el espíritu quebrado. Todos aprendieron dócilmente a nadar, siguiendo las instrucciones de los Servicios de Protección Civil, que ahora sí que cumplían órdenes de los políticos. Los niños se adaptaron en seguida a la nueva situación.

Hoy es un mundo submarino y en los jardines de las casas crecen algas. Los niños pequeños, más que caminar, bucean.  Apenas hablan.

Por eso yo os convoco, a vosotros, los que sois lo bastante mayores para recordar los viejos tiempos. Esta noche nos pondremos pasamontañas y ropa oscura. Luego nos introduciremos en todas las casas por las ventanas, como ladrones furtivos, y destruiremos todos los televisores.

A lo mejor nuestro mundo vuelve a flotar.




Vera, 10 de Enero de 2010.


   





No hay comentarios.:

Publicar un comentario

Si queréis comentar algo, éste es el sitio.